sábado, 24 de septiembre de 2011

BIENVENIDO A AUSTRALIA

Se repite la situación: nueva casa, costumbres, vivencias… en esta ocasión lo cuento desde una bonita ciudad llamada Adelaida, situada en el estado de Australia del Sur.

No quería proseguir sin antes disculparme por el retraso en comunicar noticias o en proceder a contestar alguno de los mails que me habéis enviado, la verdad es que han sido dos semanas muy intensas. Dos semanas (más algunos días) que comenzó un soleado martes de septiembre en la estación de autobuses de mi querida Yecla, cogiendo el “coche de línea” que hace la ruta entre la citada localidad y Valencia. Al día siguiente tomé otro autobús, este aéreo, que bajo el arpa de Ryanair me llevó hasta Londres. Ocho horas más tarde de mi llegada, y tras el preceptivo cambio de aeropuerto, comenzaban las 13 horas que separan Londres de Singapur, ciudad a la que llegué jueves por la tarde. Singapur nos recibió con una humedad casi asfixiante y temperaturas máximas de 30 grados y mínimas de 29. La verdad es que es una ciudad que me sorprendió, escrupulosamente ordenada y moderna, con unos edificios que se funden (o más bien confunden) con el cielo y con una mezcla de nacionalidades (sobre todo asiáticos) digna de admirar. Es un país hecho por y para el negocio y el consumo, de manera que aquellos que busquen esto tienen en Singapur su mejor aliado. El viernes por la mañana, tras no haber dormido casi nada debido al jet lag y a las condiciones ambientales reinantes en Singapur, tomamos un avión que tras un trayecto de unas 8 horas nos dejó en Australia, concretamente en Perth. Ese mismo día teníamos planeada nuestra llegada a Adelaida, pero el vuelo se canceló y pernoctamos en Perth, ciudad que, dicho sea de paso, no despertó demasiado la atención del cansado viajero. Otra noche sin dormir mucho, esta vez lo atribuyo casi enteramente el jet lag puesto que nos acostamos sobre las 11 de la noche pero a eso de las 3.30 ya estábamos “sinsoleta” (Disla, P., 2010) debido a que nuestro cuerpo creía que habíamos “echado” una larga siesta. El caso es que esa mañana (sábado) cogimos el vuelo definitivo que nos dejó en nuestro destino final, Adelaida.

Adelaida nos recibió con lluvia y bajo ella, el gran Pablo, un inmigrante yeclano que llegó a tierras australianas hace unos 50 años y que, junto a su mujer Ana, nos ha tratado como a unos hijos. La verdad es que les debemos mucho pero me temo que no podremos llegar a devolvérselo. Pasamos una semana en su casa, tiempo que aprovechamos para la búsqueda de casa, para comenzar mi trabajo, para abrir una cuenta en el banco, conseguir una bicicleta… y para que Pablo y Ana nos iniciaran un poco en la cultura australiana. Desde hace una semana estamos en el que va a ser nuestro alojamiento definitivo, una casa preciosa en el sur de la ciudad que compartimos con su dueña, una encantadora mujer de Liverpool que llegó hace muchos años a Australia y que vive con su hijo. La verdad es que hemos tenido mucha suerte pues la casa no es cara para los precios que se pagan y está muy cerca de mi trabajo y de una parada de tren que te deja en 15 minutos en la ciudad, lo cual es mucho decir puesto que Australia sigue el modelo americano de crecimiento en superficie por lo que casi todo el mundo vive en casas unifamiliares y las distancias son enormes. En cuanto al trabajo, la verdad es que tampoco me puedo quejar, mi supervisor es una persona encantadora la cual, en el poco tiempo que estoy aquí ya ha tenido tiempo para invitarme a cenar, a tomar una cerveza, a dejarme su bici y a tratarme como un amigo, razón por la cual solo tengo palabras de agradecimiento hacia él. Pero no solo es él, la verdad es que el grupo de trabajo es fenomenal y me han tratado magníficamente desde que llegué. Además, el lugar donde trabajo (CSIRO) está situado en un enclave mágico, al lado de la montaña, donde no es raro que bajen Koalas pues está lleno de eucaliptos, aunque según dicen los lugareños no se suelen mover mucho pues no es mucha la nutrición que reciben y cualquier movimiento debe ser convenientemente justificado.

Una vez descritas mis dos primeras semanas, paso a relataros mis primeras sensaciones aquí (aunque, atendiendo a vuestras peticiones, brevemente, jaja). Lo que más destacaría es la gente, precisamente lo más importante. En general son muy hospitalarios, atentos, amables y educados, lo cual tiene relación con ese pasado común de inmigración que todos tienen, bien directamente o a través de sus padres o abuelos. Es precisamente este hecho el que configura el puzzle de nacionalidades que supone Australia, uno de los aspectos que más destacaría de este país. Aunque no es el hecho en si de acoger muchas nacionalidades lo que resulta extraordinario, sino la excelente convivencia que existe entre las mismas. Hablando de religión, te puedes encontrar en una calle una iglesia protestante, y en la siguiente otra ortodoxa, y así sucesivamente con anglicanas, mezquitas o centros budistas. La naturaleza es extensa, siempre exuberante e imponente: los árboles son enormes, los pájaros tienen los colores y cantos más raros que nunca he visto y oído, aquí encuentran los mayores cocodrilos, los animales más venenosos… todo es a lo grande, incluida la extensión de sus ciudades, y esto creo que es lo más negativo puesto que las distancias son enormes y el coche es el auténtico amo y señor. Esto no solo se traduce en mayor consumo de gasolina sino que también supone la destrucción de hábitats valiosos, fragmentación del paisaje, mayor consumo energético, mayor dificultad para la recogida de residuos y distribución de agua y energía… así como algo que no se suele tener en cuenta como es el hecho de que la comunicación entre la gente se reduce pues es mucho más difícil coincidir.

Me despido hasta la próxima que seguro que tendré más argumentos para defender lo que pienso y os podré proporcionar fotos más bonitas y variadas. Un abrazo. Martín.

Alrededores de Adelaida y Singapur





domingo, 29 de noviembre de 2009

Saint Guilhem le Désert, Avignon y el Mediterráneo
















Arlés, Nîmes y Pont du Gard
















Montpellier cual puzzle donde todas las piezas son necesarias

Resumen:
Montpellier es una ciudad donde existe una interesante mezcla de culturas que viven en armonía. Esto no ocurre en otras partes de Francias, goberandas por Sarkozy, cuyos votantes parecen escondidos. Son precisamente los franceses y los extranjeros, los que califican a Montpellier como ciudad ideal, en la cual cada vez me siento mejor. Además, he visitado algunas zonas de la región (Languedoc-Rousillon) que no tienen ningún tipo de desperdicio. Os deseo felicidad.

Interesante experimento social esta sureña localidad francesa llamada Montpellier, sitio donde confluyen en un pequeño espacio un gran número de culturas del mundo. Esta mezcla cultural no es casual sino que se dan varias circunstancias que la propician. Desde un punto de vista meramente geográfico, esta zona de Francia conecta los países centrales de la vieja Europa con la península Ibérica y África. Al mismo tiempo, no se encuentra lejos de Marsella, ciudad portuaria donde por mar llega mucha inmigración procedente de África, sobre todo de Argelia. Además, en la antigüedad, por el centro de Montpellier pasaba una importante vía romana. Pero lo más importante creo es la capacidad que ha tenido esta villa para acoger gentes de distintas creencias y culturas, de hecho aquí convivieron en paz desde la creación de la misma (halla por el año 975 DC) distintas religiones en lo que se conocía como Occitania, hasta que la llegada del rey de Francia provocó la represión de distintos pensamientos en la conocida como “Guerra de las religiones” y la anexión de esta región al conjunto del hexágono francés. Sin embargo, esa capacidad de acogimiento no se ha perdido y es especialmente evidente a día de hoy. Y creo que funciona, quiero decir, esta mezcla social tiene como resultado un ilimitado número de recursos donde es la propia sociedad de Montpellier la que sale beneficiada. Sale beneficiada puesto que a diario se puede encontrar una amplia gama de actividades culturales venidas desde los rincones más recónditos del planeta que no solo te entretienen sino que te forman, dándote otros puntos de vista. Y son precisamente esos distintos puntos de vista, y sobre todo, el hecho de que se tengan en cuenta, los que enriquecen al territorio que recibe la mezcla. De esa manera se elimina el pensamiento único y es posible abordar problemas antes irresolubles (o resueltos pero desde un punto de vista único). No es raro por ejemplo ver como en la fiesta del Sacrificio de los Árabes (Aid el Kebir), personas con distintas procedencias y religiones disfrutan juntos de la misma. O que el icono actual de la ciudad, sea Nicola Karabatic, jugador de balonmano, nacionalizado francés, de padres croatas y serbios, enarbolando valores como el éxito, el esfuerzo, el compañerismo, etc. Todo esto no penséis que es común en Francia, pienso que es un caso bien aislado, sobre todo tras la llegada de Sarkozy al Eliseo. Hablando con un comerciante del casco antiguo de Montpellier (Francés pero oscuro de piel), me comentaba que la diferencia entre España y Francia es que nosotros tenemos libertad, cosa que ellos no tienen, sobre todo tras la llegada de Sarko. Es curioso, y es algo que ya comenté en ediciones anteriores, como los votantes de Sarko no aparecen por ningún lado, preguntas a la gente y resulta que nadie votó al bueno de Nicolas, a pesar de que aventajó y mucho a Ségolène Royal. Me intriga y mucho este personaje pues no acierto a comprender bien su ideología pues es capaz de pasar de la más despiadada represión y ausencia de consideración, a no ir a la inauguración de los JJOO de Pekín por apoyar la causa Tibetana, o desplazarse a países en conflicto para arreglar situaciones, o a acudir a tumbar el muro de Berlín en su momento. Está claro que la mayoría de cosas las hace de cara a la galería y porque es un monstruo de los medios, pero aun me queda por saber cual es su auténtica visión del mundo y de la política, seguiré investigando.
Por lo demás pienso que todo muy bien, cada vez me encuentro mejor en una ciudad donde por otra parte es bastante difícil encontrarse mal. La comida es fabulosa (me faltan las tapas, lo único, aunque he encontrado un bar de tapas español que de momento suple bastante bien mis carencias en ese sentido, “El quitapenas”), de hecho estoy deseando siempre que llegue la hora de la comida, el tiempo bueno, la gente, como he dicho, tolerante y la actividad cultural descomunal y desconocida hasta la fecha. Todo el mundo dice, incluidos los franceses, que Montpellier no representa a Francia, pero sin embargo todo el mundo la envidia. No he oído a nadie hablar mal de esta ciudad, ya sean franceses o extranjeros, poniéndola por encima, como sitio para vivir, de otras ciudades francesas como París, Lyon, Marsella o Toulouse. A mi juicio resulta curiosa la paradoja, ¿verdad? pues los franceses que no son de Montpellier coinciden en señalar a esta ciudad como ciudad ideal, sobre todo en lo social, pero sin embargo siguen tropezando en los mismos errores que configuran esa imagen que tenemos de los franceses de fríos, ariscos, exigentes y chovinistas, calificativos que para nada se pueden aplicar a los habitantes de Montpellier. Si para los franceses resulta agradable, no lo es menos para los extranjeros, como es mi caso. Es una ciudad que lo tiene todo, con un tamaño idóneo que está a medio camino entre una gran ciudad y un pueblo. Desde el punto de vista cultural y de servicios tiene ese aire de gran ciudad que todos imaginamos, pero si consideramos el acercamiento, el concepto de barrio, la posibilidad de recorrértela a pie o en bici, la tranquilidad, etc., estaríamos más cerca de un pueblo. Está claro que ese salitre que se respira en el ambiente proveniente del Mare Nostrum, le da un marcado carácter mediterráneo, con todo lo que ello conlleva.
No es mucho el tiempo libre del que dispongo, aunque lo intento aprovechar al máximo, de hecho, lo busco para descanso de cuerpo y mente, así como para cubrir esas porciones de la vida clave y fundamentales como son la social, afectiva, cultural, deportiva, etc. Las fotos corresponden a algunos de los viajes que he tenido oportunidad de hacer, se trata de ciudades o pueblecitos que no distan más de una hora a la redonda de Montpellier. Todas estas villas, excepto Arlés, corresponden al Languedoc-Rousillon, región cuya capital es Montpellier. Esta región, como su capital, lo tiene todo, desde auténticas villas romanas como puede ser el caso de Nîmes a majestuosos acueductos como el Pont du Gard, ciudades pontificas y monumentales como Avignon, pueblecitos medievales sacados de cuentos como Saint-Guilhem le Désert, o villas con una marcada vocación marinera como Séte. Además, y como digo, se pude visitar la también romana ciudad de Arlés (esta perteneciente a la Provence), la cual fue plasmada en múltiples lienzos por Vincent Van Gogh, el Parque Natural des Cevennes, la también medieval villa de Carcassone, el Parque Natural de la Camarga, o los kilómetros y kilómetros de playas. Os adjunto unas fotitos, pero os juro que se me hace muy difícil la selección de las mismas, pues noto que dejo de lado algunas cosas importantes, pero vale para que os hagáis una idea.
El tiempo pasa volando, eso ya lo sabía, pero cada día que pasa me lo demuestra. Parece que fue ayer cuando me estaba preparando la maleta y dentro de nada me la tengo que volver a hacer. Es que en realidad, y como dijo un conocido seguidor de Buda del Altiplano (Dalai García), al final somos habitantes del mundo, los cuales hemos nacido en un lugar, pero en realidad todos pertenecemos al mismo. Es por ello que lo que hemos nacido en el lado de la prosperidad debemos sentirnos afortunados e intentar siempre ayudar y sobre todo comprender a aquellos que no han corrido con la misma suerte. Siempre he pensado que uno tiene que actuar poniéndose en el lugar de los demás, reflexionando como nos sentiríamos nosotros en el caso de ser los receptores de la acción y no los promotores de la misma. Si la recibiríamos con agrado, adelante, si por el contrario nos sentiríamos incómodos, tendríamos que pensar en que hacer para invertir la situación. Termino deseando simplemente felicidad, y no por las fechas en las que entramos, donde ese deseo parece ser un eslogan que luego se olvida, sino porque pienso que es algo que debe formar parte de nuestras vidas y por lo tanto desearlo siempre a los demás, los 365 días que componen un año.
Con cariño,
Martín.

lunes, 26 de octubre de 2009

Montpellier, la ciudad donde vive el sol

Resumen
El viaje bien pero mucha agua al llegar, me recibió mi jefe que es muy majo e inteligente y acto seguido fui a la residencia la cual también está muy bien. Montpellier no solo ha confirmado las cosas buenas que pensaba de ella (gente en la calle y tranvía) sino que nuevos puntos positivos se han añadido (belleza y cultura).

Palabras clave: agua; bicicleta; felicidad; jefe; tranvía.

Querid@s tod@s,
Elegante pero informal abre de nuevo la persiana para contar las vivencias de una persona que intenta vivir (no es fortuita la repetición de la idea de vivir) siempre del lado de la felicidad, como aquella caprichosa moneda tirada al aire por algún cantante y que cayó precisamente de ese lado. Fiel a su estilo, este elegante, nacido con la vocación de contar más desventuras que venturas, vuelve puntual a la cita del relato de mis estancias extra peninsulares, cual servicio público de mantener informados a tod@s aquell@s a l@s que(ya no voy a poner más arrobas, ya os habreis dado cuenta de que huyo del sexismo, pero el lenguaje es caprichoso, jeje) seria imposible escribir uno a uno, pero que al mismo tiempo me sirve a mi para hacer balance y realmente valorar lo que tengo. Como principal novedad, este primer elegante desde Montpellier incluye un resumen de su contenido. Se me ha hecho mucho daño, sobre todo desde los sectores más radicales del budismo yeclano, con lindeces como “vendedor de humo”, “peñazo”, “bodrio”, “engaña zagales”… u otros calificativos de nefasto recuerdo. En general, se puede decir que tras el feedback recibido, los chicos solían mirar solo las fotos y las chicas se metían un poco más en el texto. Es por ello mi decisión de hacer un resumen y meter una serie de palabras claves para que gente como un tal Dalái García (lider espiritual y consejero de profesión. Por ciervo, gracias por la bici, algún día te invitaré a una cerveza) y esposa, vean cumplidas sus peticiones, jaja.
Bueno, ha pasado casi un año desde la última edición, la cual fue escrita desde tierras lejanas, más concretamente desde las tierras medias. Yo sigo más o menos igual de feo (otros lo son más, todo hay que decirlo) y un año más viejo, si bien sabeis que la edad no se lleva en el documento identificativo. Bien es cierto que ha sido un año frenético en todos los sentidos donde he podido hacer lo que más me gusta que es viajar, he trabajado mucho y bien y alguna ladrona me ha robado el corazón. Antes de proseguir me gustaría pedir disculpas a todos aquellos a los cuales quizas os he tenido un poco desatendidos en estos últimos tiempos que corren. Como bien sabreis, me encuentro inmerso en darle forma a esta especie de hijo que es una tesis. Esa es la razón por la que muchas veces he tenido que decir que no, o se me ha olvidado responder una llamada, mensaje, etc., o simplemente no he tenido yo la iniciativa de hacerlo…qué más puedo deciros que a vuestros pies. Metiéndonos en “harina” la verdad es que la vetusta Montpellier no me recibió precisamente con los brazos abiertos (Muñoz-Santa, 2009), ya lo anunciaban los altavoces de una conocida cadena de timo-restaurantes apostada sobre la AP-7 a la altura de Tarragona. Creo que nunca había visto llover así (no se lo conteis a mi madre, jaja), intensidad descomunal, no llovía ni para abajo como afirma mi padre que llueve en Villena. De hecho, a la altura de la no muy bella villa de Perpignan (conocida por muchos españoles durante la dictadura), el agua aderezada con el viento racheado, hacían de la conducción un ejercicio que menos que difícil. Pero valga la expresión “en peores plazas hemos toreados”, continué y logré ver de fondo el viejo acueducto de Montpellier. Acudí a mi lugar de trabajo, el CNRS (especie de CSIC español) y allí me esperaba el bueno de Richard, mi jefe. Qué decir de este personaje, a medio camino en lo físico entre Lennon, Krasty el payaso y Juan Tamariz. A este aristócrata de la neurona y guardian del saber creo que ya nada le sorprende. Estuvo viviendo tres años en la ciudad Hispalense (Sevilla) y año y medio en Bolivia, de ahí su perfecto español, el cual le he pedido no utilizar para intentar cultivar el francés. Es una persona que para nada se conforma con lo establecido, siempre mira detrás, como se puede ir más allá. No le gusta ser reduccionista, intentando ver las cosas desde lejos y con perspectiva. La verdad es que su acogida fue fenomenal, así como la de su grupo, gente muy maja la cual siempre está discutiendo sobre Ciencia, las reformas del gobierno, el Medio Ambiente, el perfecto inglés de Sarkozy, o sobre cualquier rama de la cultura durante las comidas o en el café matinal acompañado siempre de galletas bretonas con grandes cantidades de mantequilla. En cuanto al lugar donde habito, la verdad es que no me puedo quejar, se trata de una residencia enclavada en un bosque mediterraneo creado, bastante bien conservado para ser una zona prácticamente urbana, aunque se encuentra un poco alejado del centro. Tengo una habitación para mi solo totalmente equipada con Internet, excusado y cocina, con bonitas vistas al citado bosque.
Una vez instalado y aprovechando el inicio del fin de semana decidí hacer de mi capa un sayo, salir de mi guarida y adentrarme en ese sistema perfecto como es la muy leal y fidelísima villa de Montpellier. Fue una fría tarde de Abril la que me permitió tener la primera cita con Montpellier, eran vacaciones y lo nuestro fue un flechazo, y eso que no había visto nada. Lo que si que me dio tiempo a ver fueron dos notas predominantes: gente en la calle y un curioso medio de transporte defenestrado en casi todas las ciudades, que no hace ruido, que gasta poco y que es bonito: el tranvía. Bueno, pues esas dos notas son el auténtico eje de esta ciudad sobre los cuales se mueve todo lo demás. Resulta curioso el ejercicio de ineptitud llevado a cabo por aquellos teóricos “desarrollistas” que decidieron limpiar las calles de tranvías dejando vía libre al coche. Pues bien, no ha pasado tanto y ya se ha visto cuan equivocados estaban, el tranvía ha vuelto en muchas ciudades y lo ha hecho para quedarse. Aquí, las zonas se conocen en función de la parada del tranvía, y según me cuentan los lugareños, la inauguración y puesta en marcha del mismo fue un evento histórico en esta ciudad. A ello se une, como he dicho, una ingente marea de gente, gente por todos lados. Es cierto que Montpellier es una ciudad Mediterránea, las cuales se definen por la presencia permanente de gente en sus calles, ciudades compactas y vivas, donde la plaza del pueblo es el centro neurálgico donde confluyen. Montpellier cumple con estos requisitos con su Place de la Comedie como auténtico corazón de la ciudad (cual glorieta de Elche pero multiplicada por 20). Valga como ejemplo que ayer salí con la bici y habían lugares donde tenía grandes dificultades para hacerse paso entre el “populacho” (de Blasco i Payá, 2008). Junto con el tranvía, y hablando de movilidad, la otra protagonista es la bicicleta. Hay carriles bici por todos lados y el alquiler de bicis es a un precio irrisorio. Lo mejor de todo es que se está creando una cultura de la bicicleta, que con los años se consolidará y hará de esta ciudad una ciudad referencia, si no lo es ya. El coche es un auténtico extraño en esta ciudad, donde la gente se ha dado cuenta que no hace falta, que es mucho más barato, ecológico, saludable y ahorrador de tiempo el uso de sistemas de transporte alternativos como la bici, el tranvía o simplemente andar, curioso ejercicio el. Para finalizar con el tema de la movilidad (es que me llena de orgullo ver ejemplos de este tipo), las estaciones de tranvía de las afueras tienen grandes parkings donde se pagan 4 euros y puedes dejar el coche todo el día y te regalan un billete de ida y vuelta para todos los ocupantes del vehículo, un tranvía que solo descansa de 2 a 5 de la mañana y que tiene una frecuencia de 5 minutos en horas punta, un ejemplo. El clima de Montpellier ayuda mucho, pues es un clima Mediterraneo con temperaturas muy suaves. La orografía es un tanto accidentada con muchos “sube y baja” conocida por los aficionados al ciclismo como un terreno “rompe-piernas”. Si hacemos un necesario paralelismo con ese país de “charanga y pandereta” como es España, ¿qué pasa en España? ¿es que no nos damos cuenta? ¿o queremos no darnos cuenta que tenemos un gran problema de transporte y aun teniendo clima y alternativas no las aprovechamos?... me parece patética la situación que vivimos. A todas estas ventajas de la ciudad se une su descarada belleza, tendríais que ver el casco antiguo, exquisitamente conservado y dotado de vida, con infinitas plazas y rincones que se esconden a medida entre sus innumerables callejuelas. También tendrían que tomar ejemplo muchas ciudades que viven un poco de espaldas a sus cascos antiguos. Creo que pueden llegar a ser enfermos pero de tratamiento conocido. Aquí lo que se ha hecho es vetar el acceso a los coches, reformar edificios, y lo que veo más importante, fomentar el comercio. Creo que la gente que tiene sus negocios: artesanales, alimenticios, hosteleros, etc., son los auténticos valedores, activos y conservadores de ese espacio, y son los que han hecho que el casco antiguo de Montpellier sea lo que es. Por si esto no fuera poco, la actividad cultural es desorbitada, tanto que no encuentro calificativo para definirla. Creo que puede estar al nivel de ciudades mucho más grandes que esta, la cual cuenta con unos 250000 habitantes, de los cuales unos 60000 son estudiantes (aspecto importante este). Por ejemplo, en este fin de semana todos los eventos normales de la ciudad con los festivales internaciones de guitarra y el festival internacional de cine. La verdad es que me he vuelto loco para decidir que película ver pues me gustaban casi todas. En cuanto al primero, el festival de guitarra, cerraba ayer con la actuación de Joan Baez. Seguro que la gente que vivió los 60 y 70 la conocen mejor, aprovecho estas líneas para hacerle mi más sincero homenaje. No solo por ser una gran cantante (me puso los pelos de gallina su recital, repasando también canciones de Leonard Cohen, George Moustakí o Bob Dylan, además de cantar en francés, castellano, inglés y árabe), si no sobre todo por su implicación con los demás. De hecho, acudí al concierto más por lo segundo que por lo primero, hay muy poca gente en este mundo actual que estén dispuestas a mirar por los demás, y Joan Baez es una de ellas, tanto que arriesgó su vida en muchas ocasiones, chapeau.
De momento nada más desde tierras galas, que estoy “en mi salsa”, muy relajado y feliz, pero se os echa de menos, creo que es la mejor sensación que se puede tener, ser feliz con lo que uno hace cuando se va pero al mismo tiempo valorando lo que uno deja.
Un beso.

Montpellier, la ciudad que nunca duerme
















sábado, 8 de noviembre de 2008

EL SUEÑO SE ACABA

El tiempo pasa y no espera a nadie, parece que fue ayer cuando junte unas cuantas, como diría Kiko Veneno, personal belongings en una maleta de sueños destino nuestras antípodas. Así fue, Welli me recibió, como no, con un contundente viento y una fina lluvia, allí estaba mi adorable jefe Tom, cobijado bajo su enorme paraguas, él fue la primera persona con la que hablé en estas Islas y del mismo modo prácticamente será la última. En algo más de 24 horas de vuelo y tras varias escalas pasé de los casi 40 grados de nuestra capital a los escasos 7 de su homónima neozelandesa, ahora se invierten los papeles, saldré con unos 20 y espero los mismos 7 con los que llegué aquí. Agosto se pasó un poco más despacio debido a mi pequeño círculo de amistades y a que el tiempo no acompañaba a hacer muchas actividades destechadas. Todo lo contrario que Septiembre, Octubre y lo que llevamos de Noviembre, los cuales se han pasado en un cerrar y abrir de ojos.
De Nueva Zelanda me llevo una impresión bastante positiva, ya que parece que el plato de la balanza de las cosas buenas pesa más que el de las cosas malas. Impresión en la que también influye el carácter efímero de mi estancia, la cual hace más difícil apreciar lo negativo, ya que son aspectos que se notan más en el largo plazo. Uno de los puntos débiles de este país es, sin duda, su marcada vocación consumista y derrochadora. El impacto de un neozelandés medio es mucho mayor que el de un español y se acercaría al de un habitante de los EEUU, me refiero al uso del coche, consumo eléctrico y de agua, generación de residuos, etc. Muy ligado a esto, está esa falsa impresión (desde mi punto de vista) de que aquí todo el mundo respeta al Medio Ambiente o es ecologista. Es cierto que esa es la imagen que quieren vender y que de hecho venden (ya que el Medio Ambiente hoy en día es una herramienta de marketing), en consonancia con su pasado antinuclear y con su vasto y exuberante Medio Ambiente, pero está claro que ese Medio Ambiente ya venía de serie y si se mantiene más o menos en buenas condiciones no es debido a su excelente gestión sino a la poca presión que 4 millones de personas ejercen. Además de esto y como bien le dijeron una vez a un amigo “no se puede vivir siempre de las rentas”. La comida es otro punto muy negativo, ya que hay un claro predominio de las carnes rojas, pasteles y grasas relegando a frutas y verduras a un segundo plano. Su gastronomía está muy influenciada por el exterior y no quiero decir con esto que sea malo coger influencias de otros, lo que está mal es coger influencias desacertadas. No hay más que ir a un supermercado y comparar el precio de un filete de ternera con el de la verdura y la fruta. Sorprendentemente, y a pesar de ser una Isla, el pescado juega un papel totalmente secundario en la dieta de los kiwis, consumiéndolo principalmente en forma de su ¿plato estrella? Fish and Chips. Esta realidad la comprobé cuando pregunté cual es el plato típico de aquí, tras una profunda reflexión, concluyeron que las barbacoas, Fish and Chips, pasteles de carne y sándwiches de patatas fritas, ver para creer. La burbuja en la que viven, otras veces comentada, también me preocupa, ya que para esta gente (en general siempre) solo parece importar lo que pasa en EEUU así como Inglaterra (sobre todo), Francia y Alemania, de hecho, para ellos Europa parece solo estar compuesta por estos tres últimos países. Solo los que han viajado o tienen la intención de, conocen un poco a países como el nuestro, su cultura, costumbres, etc. Otros aun siguen pensando que Sudamérica es España. De esta forma, mucha de esta gente se ve muy sorprendida, casi traumatizada cuando viven en primera persona o simplemente escuchan realidades de otros países. Una vez comentados los aspectos negativos, paso a comentar los positivos, los cuales convierten a este país en uno de los mejores lugares del mundo para vivir, de hecho no he conocido a nadie que me halla dicho que no le gustaría hacerlo. Hablemos del clima en primer lugar. Quitando los ventosos días de sitios como Welli (cosa normal cuando te encuentras en pleno estrecho, sino que se lo pregunten a los habitantes de Tarifa) la climatología es bastante benévola, teniendo veranos e inviernos bastante suaves en general. También en general, la gente es muy amable, hospitalaria y solidaria, siempre intentando ayudar e interesándose por tu experiencia aquí. Por otra parte, la gente es muy respetuosa con las creencias, intereses, hasta incluso forma de vestir de los demás. Aquí ya puedes salir en pijama y pantuflas a la calle que nadie te va a mirar por ello ya que si lo haces es porque te gusta y estas a gusto con eso, por lo que nadie te lo va a calificar. Calificar, esa es la palabra, nadie te califica o te ubica sin conocerte, aspecto que puede ser un arma de doble filo. Es bueno porque las primeras impresiones no suelen ser acertadas y hay que conocer a una persona para saber realmente cómo es, pero al mismo tiempo malo ya que esta gente necesita mucho tiempo para considerar a una persona como un amigo y hay veces, que ese tiempo es tan largo que fallan en el intento. Otro aspecto sin duda positivo es la absoluta tranquilidad con la que aquí se vive, aquí nunca pasa nada y es algo que ya he comentado en anteriores ocasiones, los periódicos deben tener auténticas dificultades para sacar noticias, al menos de las que estamos acostumbrados a leer en los mismos y que tristemente son las que interesan a la gente. Pienso que si no el que más, estamos ante uno de los países más tranquilos y seguros del mundos donde muchas casas están abiertas, puedes dejarte tus cosas en bares sin miedo a que nadie te las robe, etc. También me gusta el mestizaje de esta sociedad, donde las distintas nacionalidades encajan perfectamente y no se percibe una discriminación clara sobre alguna de ellas. Está claro que por ejemplo en el caso Maorí, estos ocupan generalmente peores puestos y tienen una peor educación que los pakehas (europeos) quedando muy lejos ese supuesto estado bicultural que el gobierno quiere transmitirnos, pero su situación es claramente mejor que la de los aborígenes australianos. Finalmente, otro aspecto positivo es su forma de ver la vida, sobre todo de vivirla. En general, no he encontrado a gente estresada y gran parte de la culpa la tiene lo claro que tienen el concepto de trabajo y de vida social. Los horarios se cumplen a rajatabla, trabajando unas 7 horas diarias, permitiendo de esa forma conciliar la vida laboral con la familiar y con sus aficiones, aspectos estos claves en el bienestar de una persona que a menudo se olvidan en España.
Una vez plasmadas en este discurso mis impresiones sobre el país, me gustaría acercaros un pedacito del que pienso ha sido el mejor viaje de mi vida recorriendo la Isla Sur. Esta Isla Sur esta compuesta por una serie de regiones a modo de piezas de un puzzle las cuales no solo responden a unos límites políticos. Cada pieza tiene un marcado carácter paisajístico y climático, los cuales influencian irreversiblemente también el tipo de gente. Estos contrastes creo que han sido los que me han cautivado, ya que es muy difícil en tan solo 8 días ver Ecosistemas tan diversos y conocer a gente tan distinta. El viaje comenzó en el mismo Wellington ya que coger el ferry para pasar a la Isla Sur cruzando el estrecho de Cook es todo un espectáculo. El primer pueblo que te encuentras en la Isla Sur es el pequeño Picton, pueblo dedicado a los servicios derivados de ser la puerta de entrada de la Isla Sur. De ahí nos dirigimos hacia el oeste, siguiendo la línea de costa hasta llegar a las paradisíacas playas del Parque Nacional de Abel Tasman. De este paraíso norteño, con clima mediterráneo, pasamos a la costa Oeste, donde la belleza de las playas y sus formaciones asociadas compite en espectacularidad con las zonas de montaña donde sin duda sobresalen los glaciares. Esta es una región donde las lluvias sobrepasan en algunos casos los 4000 litros/m2 anuales, dando como resultado una vegetación persistente y exuberante, infinidad de lagos, cascadas… de la costa Oeste y siguiendo nuestro viaje en dirección Polo Sur, pasamos por zonas del rodaje del Señor de los Anillos sitadas entre Wanaka y Queenstown para dormir en esta última ciudad, capital de los deportes de riesgo de Nueva Zelanda. Entre la amplia variedad nos decidimos por tirarnos en paracaídas desde 9000 pies (si bien tengo que decir que reservamos un viaje en helicóptero a los glaciares pero se suspendió por el mal tiempo), las sensaciones y las vistas son indescriptibles. De Queenstown fuimos a otro mundo, creo que el lugar más inhóspito que he visitado en mi vida, Fiordland, cuna del famoso Milford Sound. La verdad es que tuvimos suerte ya que estuvimos en uno de los aproximadamente 50 días al año que no llueve allí, dando un paseo en barco por uno de los fiordos hasta salir al Mar de Tasmania. Allí tuvimos la oportunidad, entre otras cosas, de ver un par de pingüinos minúsculos, así como una impresionante puesta de sol. Dejando este impresionante lugar, cruzamos de nuevo el país, esta vez de Oeste a Este adentrándonos en la sureña región de Otago, la cual (en su zona central) recuerda a esa árida Tejas con ranchos, vaqueros y rodeos, para llegar a una ciudad con un auténtico aire escocés como es Dunedin. Sin separarnos mucho de la costa y conduciendo dirección Norte atravesando la región de Canterbury, llegamos a uno de los últimos puntos de nuestro viaje, Hanmer Spring, lugar donde la actividad geotérmica es bastante evidente, tomando un agradable baño al aire libre en un impresionante complejo de piscinas termales a distintas temperaturas. La última parada antes de llegar de nuevo a Picton fue Kaikoura, lugar donde tuvimos la oportunidad de observar leones marinos y focas, quedando nuestra intención de nadar con ballenas en eso, intención, puesto que las condiciones marítimas no eran las idóneas.
Bueno, espero no haberos aburrido mucho con mis historias durante estos tres meses, las cuales he intentado transmitir de la mejor forma que he podido, más bien que he sabido. El mero hecho de abrir mi blog invirtiendo aunque sea un minuto en ver las cuatro fotos que he colgado, significa mucho para mí. Como dije antes, este blog informal echa el cierre momentáneo a la espera de tener otra oportunidad de contar nuevas historias, sinónimo de que estoy en algún punto del planeta intentando hacer lo que más me gusta en esta vida que es conocer. En fin, rodeado por estas 4 paredes que han sido mi hogar durante algo más de 3 intensos meses y teniendo como testigo al puerto de Wellington que se divisa a través de una gran ventana, me despido envuelto en una mezcla de tristeza por dejar esta tierra que he aprendido a querer, y de alegría por volver a mi España natal y ver de nuevo a la gente que quiero ya que por muy bien que estés en un sitio siempre faltará, como diría Andrés Calamaro, lo más importante
Martín.

Canterbury y Otago
















Canterbury y Fiordland